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Las tres decisiones que se toman antes de ir a Azure

La mayoría de los proyectos de nube no fallan por la tecnología. Fallan porque se empezó a construir antes de decidir tres cosas.

pH7x Systems® · · 2 min de lectura

Ir a Azure es fácil. Cualquiera con una tarjeta de crédito crea una máquina virtual en diez minutos. Por eso tanta gente llega allí y, dos años después, tiene una factura que nadie sabe explicar y una arquitectura que nadie puede cambiar.

El problema nunca es Azure. Es haber empezado a construir antes de decidir tres cosas.

1. La identidad, antes que nada

La identidad no es un detalle de configuración. Es el cimiento. Todo lo que venga después, permisos, acceso condicional, automatización, costes por equipo, se apoya en cómo se organizaron las identidades en el primer mes.

Si esa decisión se aplaza, no desaparece. Se toma por omisión, por quien esté creando el siguiente recurso. Y deshacer una estructura de identidad mal hecha, dos años después, con sistemas productivos encima, es la tarea más ingrata que existe.

2. Cómo se van a leer los costes

"¿Cuánto nos está costando esto?" es la pregunta que hará la dirección financiera, y la hará al final del primer trimestre.

Sin etiquetas, sin grupos de recursos con significado y sin convención de nombres, la respuesta es una hoja de miles de líneas en la que nadie distingue producción de la prueba que alguien dejó corriendo en noviembre.

Esto se decide antes del primer recurso, porque etiquetar retroactivamente 400 recursos es un proyecto en sí mismo, y es un proyecto que nadie aprueba.

3. Qué no va a la nube

Es la decisión que casi nadie toma explícitamente, y es la que más dinero ahorra.

No todo debe migrar. Hay sistemas al final de su vida que deben apagarse, no moverse. Hay cargas cuyo perfil de uso hace que la nube salga más cara que el servidor ya pagado. Hay datos que, por razones regulatorias, se quedan donde están.

Una migración que lo mueve todo indiscriminadamente no es una migración. Es una mudanza en la que uno se lleva la basura.

El patrón que se repite

Estas tres decisiones tienen algo en común: todas son más baratas de tomar que de corregir. Cuestan semanas al principio y cuestan años al final.

Así fue en entornos regulados, en la banca y en el sector público, donde no hay espacio para el "ya lo arreglaremos". Y así es en cualquier organización, con la diferencia de que en las demás el error tarda más en aparecer.

Método, al principio. No adivinanza, al final.

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