Migrar SharePoint sin parar la operación
Lo difícil de una migración no es mover archivos. Es que nadie deje de trabajar mientras se mueven.
Hay dos formas de ejecutar una migración de SharePoint. Una es elegir un fin de semana, apagarlo todo, copiar y rezar. La otra es aceptar que la operación no puede parar, y diseñar la migración alrededor de ese hecho.
Hicimos la segunda en farms globales de la Comisión Europea, en la intranet de publicación del Gobierno irlandés, y en migraciones de on-premises a SPFx para clientes de la Fortune 500. El patrón siempre se repite.
Lo que se aprende a mirar de otra manera
El instinto natural es tratar la migración como un problema de transporte de datos. También nosotros lo hicimos así, al principio. No lo es. Es un problema de continuidad.
Los archivos siempre acaban llegando. Lo que arruina un proyecto es el día en que un equipo abre el portal y no encuentra el documento que necesita en ese momento. Da igual que exista en alguna parte. Para esa persona, en ese instante, el sistema ha fallado. Y ahí es donde se pierde la confianza, mucho más cara de recuperar que cualquier archivo.
Lo que hacemos antes de mover un solo byte
Un inventario de verdad. No es contar sitios. Es entender cuáles están vivos, cuáles no ha abierto nadie desde hace años, quién es el dueño de cada uno, y cuáles tienen permisos que nadie sabe explicar. Una parte sustancial de lo que se encuentra no debe migrarse. Debe archivarse o eliminarse, y esa es una decisión de negocio, no técnica.
Un mapa de dependencias. Flujos, formularios, personalizaciones, integraciones que alguien hizo hace siete años y que todavía alimentan un informe que el consejo lee cada lunes. Aquí viven las sorpresas.
Una decisión sobre el legado. Las web parts clásicas no van a sobrevivir. La pregunta no es cómo convertirlas, sino si merecen la conversión. A menudo la respuesta honesta es no.
Por oleadas, no por big bang
Se mueve por grupos con fronteras claras: una dirección, una función, un conjunto de sitios con el mismo dueño. Cada oleada tiene un periodo en el que origen y destino coexisten, con el origen en solo lectura. Si algo falla, nadie se queda sin trabajar: se retrocede una oleada, no el proyecto entero.
Sobre el papel es más lento. En la realidad es mucho más rápido, porque no hay paradas no planificadas.
Lo que se gana trabajando así
Se gana el derecho a equivocarse en pequeño. En una migración big bang, el primer error es público, es grande y llega a la cúpula el mismo día. Por oleadas, el primer error afecta a treinta personas, se corrige en una mañana, y la siguiente oleada ya no lo repite.
Nada se deja al azar. Esa es la diferencia entre una migración que se recuerda por el resultado y otra que se recuerda por el fin de semana.



